La vaca atada "Asirnos a la sonrisa" Juan Filloy
- ¡La... va--ca... a--ta--da! - insiste Drago pensando en la gorda - y no por compararla con el noble bóvido sino por tener la certeza de ser deseado al punto de obtener lo que todo vividor desea obtener.
- ¡Za!- responde Zabala monosilábico.
- Te lo juro Zaba esta vez me salvo.
- Caramba, caramba...- desconfía Zabala que lo ha escuchado ya salvarse demasiadas veces, sin que tal salvación pase de entusiastas anuncios.
Lo que Drago descubriría y no muy lejos en el tiempo era que no tenía atada a una dócil rumiante proveedora si no a una verdadera loca y de las de temer. Una mujer fuerte y exigente que lo adhirió a sí como a 1 lapa la roca. Que lo hizo arrepentirse con espanto al descubrir su error al considerarla una dócil cuarentona con hambre. El ver en el mismo día a la loca, a la vaca loca, a la vaca loca suelta, pasar del amor al odio varias veces, lo desarmó. La 'dócil cuarentona' era capaz de generar escándalos en un segundo al no obtener lo suyo. Además pagaba para ello y a precio más alto que el usual en el mercado de los amores pagos y lo hacía notar con dureza y sarcasmo. La profesora exigía prestaciones sexuales diarias que apenas satisfarían tres o cuatro atletas jóvenes de alto rendimiento. Enojada vociferaba más fuerte que el más gritón de la barra brava de Excursionistas con un vozarrón que haría pasar por canarito a Edmundo Rivero.
Hubo sin embargo momentos de goce. Un pasar de días en la calma real que no precisa de la saciedad, madre cíclica de la angustia. Un mutuo y genuino necesitarse, guiños secretos frente a los demás, risas y contentamiento genito-pecuniario. Digamos amor; amor que es confianza en que el otro sabrá aligerar la carga de nuestra vida cuando haga falta, por un rato, el preciso. Que llevará con nosotros cuesta arriba la roca que indefectiblemente volverá a rodar cuesta abajo para recomenzar el sube y baja de la miseria humana y no hacer quedar mal ni a Sísifo y ni a los que de él viven.
Nunca hubiera pensado el antes optimista, caprichoso y satisfecho Drago, Drago Peña Quintana (quedémonos con estas dos calles ya que ostenta su pedigrí más nombres de avenidas, plazas y escuelas públicas) que aquello que fue la fuente de riqueza y acumulación de sus ancestros, la 'ganadería', sería su ruina. Draguito era un muchacho de clase alta que creyó comenzaría un próspero negocio de gigoló con el imán de su sonrisa y la trampera de sus atributos físicos visibles, un cuerpo robusto pero ágil; y ocultos, un macrogenitosoma de Shorthorn reproductor lleno de cucardas bien ganadas en la Rural. Pero no fue así.
Nuestro patricio poliapellidado toro se mudó a casa de su profesora de Derecho Romano. Una walkiria cuarentona y rubicunda, en excelente posición económica y loca por su Pipi como bautizó entre mugidos orgásmicos a Drago. A la semana de convivencia estaba eufórica al tener en el cuerpo espasmos y temblores nuevos; feliz por reconocer el olor de Drago en los objetos que él había tocado, por sentir que la sola presencia de ese macho rentado le daba seguridad además del regalo incomparable de la tibia electricidad que la ataba a la vida como nunca antes desde que había aumentado en poco más de medio año tres veces su peso. Aquel cruel momento en que notó sus razgos finos perderse en una cara redonda cual horma de Emmental. La despiadada realidad de dejar de ser apetecible para el sexo opuesto en plena juventud. Como no era contemplativa si no de armas tomar visitó a los mejores especialistas. Se reintegró a la Iglesia Luterana de su infancia esperando parecerse al Nazareno, no en lo santo sino en lo magro, sin obtener resultados visibles. Decepcionada de la religión formal, fue víctima de curanderas, tarotistas, sicólogos, y hasta de un africanista nacido en Turdera que hablaba en brasilero mientras degollaba una gallina y entraba en paroxismos luciferinos. Dietas y purgas la dejaban débil y deprimida. Los ejercicios aeróbicos, gimnasias de tal o cual origen en vivo o en pantalla no funcionaban. Decidió entonces trocar dinero por sexo. - Omnia vincit pecûnia - Pagar por la compañía de hombres de diversos pelajes la llevó a descubrir que metía en su cama o en la de los hoteles que visitaban a ejemplares a los que por bellos, fuertes o dotados jamás hubiera accedido cuando gozaba de un peso equilibrado acorde con su altura y físico, y un cierto atractivo de hembra joven. Fue así que sin rodeos atacó a Drago Peña Quintana, su alumno crónico de derecho romano, que la miraba en clase con ojos de carnero, perdón, de ternero degollado. Una noche de invierno lo cruzó en la calle cerca de lo que sería la cabaña para la invernada de la feliz yunta. Encuentro fortuito que Draguito planificó. Lo invitó a unos tragos en un bar cercano. Fingieron una respetable seducción enamoradiza y se tiraron a la pileta. Nuestro mugiente falo nadó y nadó aquella noche en las sábanas de la profesora mientras el río inmóvil en el espejo auguraba finales de mierda. Y el Plata fue sagrada deidad y oráculo. Y el vaticinio no falló. El final fue una mierda. Fruto del constante stress y desgaste de convivir con Mony nuestro héroe comenzó a consumir energizantes, sicofármacos y demás promesas de rendimiento en caja, a tal punto que sus únicas actividades eran fornicar y empastillarse. Cuando el desgaste físico y mental del torito patrio fue invalidante para las montas de rigor, sin dudar, la vaca lo despachó a casa de los padres.
Los Peña Quintana (y demás avenidas) lo internaron en un siquiátrico carísimo que aseguraba el restablecimiento del joven y la discreción y secreto profesional que la clase de los Peña Quintana exige. En la selecta clínica Draguito aumentó sus adicciones legales e ilegales. Padeció la baba, los movimientos involuntarios, la casi posesión que provocan los químicos de última generación venerados y prescritos por el equipo de siquiátras de "El remanso S.A." humanitariamente asesorados por los desinteresados Laboratorios que organizan congresos y jornadas para el bien del enfermo, la sociedad y, ya que estamos, el futuro de la humanidad. También disfrutó, no nos engañemos, de la mezcla sibarita de multicolores pastillas sociales con drogas ilegales que se encargaban de proveer sus compañeros de tratamiento y reclusión, enfermeros corruptos y resentidos a lo: 'Que se caguen chetos putos, yo mientras garpen...', mucamas fecundas que secándose con un pañuelito arrugado las lágrimas de ocasión le largan a la vecina que le está tiñendo el pelo: 'Yo lo hago por mis hijos Chola, te lo juro', visitas variopintas e incluso el jardinero del elegante nosocomio, un viejito igual a Rabindranath Tagore, proveedor de petacas de alcoholes fétidos que cobraba como champán francés. De este modo la coctelera química estaba en movimiento. La vaca atada la tenían los dueños del "Remanso S.A." y en menor porcentaje su corte de los milagros subalterna.
Al salir del encierro Draguito siguió en la calesita de las sortijas artificiales. Se fue a vivir a la Boca. Formó pareja con una bella drogona neo-hippie con apellido que no recordaba ni avenidas, ni calles, ni plazas, ni tan siquiera una escuelita rural.
Drago me fue contando esta historia en capítulos quincenales cuando venía a pagarme el cuarto que le alquilaba mientras se tomaba mi whisky escocés y yo lo escuchaba atento.
Esta es su historia que por lo menos para ustedes termina aquí. a Raúl Narváez Peñalva
- ¡Ja, mañana! Mañana macanas.
- ¿Basta?
- Basta.
- Marta. Ana. A la cama.
- ¡Mamáaaaa!
- A la cama.
- ¡La... va--ca... a--ta--da! - insiste Drago pensando en la gorda - y no por compararla con el noble bóvido sino por tener la certeza de ser deseado al punto de obtener lo que todo vividor desea obtener.
- ¡Za!- responde Zabala monosilábico.
- Te lo juro Zaba esta vez me salvo.
- Caramba, caramba...- desconfía Zabala que lo ha escuchado ya salvarse demasiadas veces, sin que tal salvación pase de entusiastas anuncios.
Lo que Drago descubriría y no muy lejos en el tiempo era que no tenía atada a una dócil rumiante proveedora si no a una verdadera loca y de las de temer. Una mujer fuerte y exigente que lo adhirió a sí como a 1 lapa la roca. Que lo hizo arrepentirse con espanto al descubrir su error al considerarla una dócil cuarentona con hambre. El ver en el mismo día a la loca, a la vaca loca, a la vaca loca suelta, pasar del amor al odio varias veces, lo desarmó. La 'dócil cuarentona' era capaz de generar escándalos en un segundo al no obtener lo suyo. Además pagaba para ello y a precio más alto que el usual en el mercado de los amores pagos y lo hacía notar con dureza y sarcasmo. La profesora exigía prestaciones sexuales diarias que apenas satisfarían tres o cuatro atletas jóvenes de alto rendimiento. Enojada vociferaba más fuerte que el más gritón de la barra brava de Excursionistas con un vozarrón que haría pasar por canarito a Edmundo Rivero.
Hubo sin embargo momentos de goce. Un pasar de días en la calma real que no precisa de la saciedad, madre cíclica de la angustia. Un mutuo y genuino necesitarse, guiños secretos frente a los demás, risas y contentamiento genito-pecuniario. Digamos amor; amor que es confianza en que el otro sabrá aligerar la carga de nuestra vida cuando haga falta, por un rato, el preciso. Que llevará con nosotros cuesta arriba la roca que indefectiblemente volverá a rodar cuesta abajo para recomenzar el sube y baja de la miseria humana y no hacer quedar mal ni a Sísifo y ni a los que de él viven.
Nunca hubiera pensado el antes optimista, caprichoso y satisfecho Drago, Drago Peña Quintana (quedémonos con estas dos calles ya que ostenta su pedigrí más nombres de avenidas, plazas y escuelas públicas) que aquello que fue la fuente de riqueza y acumulación de sus ancestros, la 'ganadería', sería su ruina. Draguito era un muchacho de clase alta que creyó comenzaría un próspero negocio de gigoló con el imán de su sonrisa y la trampera de sus atributos físicos visibles, un cuerpo robusto pero ágil; y ocultos, un macrogenitosoma de Shorthorn reproductor lleno de cucardas bien ganadas en la Rural. Pero no fue así.
Nuestro patricio poliapellidado toro se mudó a casa de su profesora de Derecho Romano. Una walkiria cuarentona y rubicunda, en excelente posición económica y loca por su Pipi como bautizó entre mugidos orgásmicos a Drago. A la semana de convivencia estaba eufórica al tener en el cuerpo espasmos y temblores nuevos; feliz por reconocer el olor de Drago en los objetos que él había tocado, por sentir que la sola presencia de ese macho rentado le daba seguridad además del regalo incomparable de la tibia electricidad que la ataba a la vida como nunca antes desde que había aumentado en poco más de medio año tres veces su peso. Aquel cruel momento en que notó sus razgos finos perderse en una cara redonda cual horma de Emmental. La despiadada realidad de dejar de ser apetecible para el sexo opuesto en plena juventud. Como no era contemplativa si no de armas tomar visitó a los mejores especialistas. Se reintegró a la Iglesia Luterana de su infancia esperando parecerse al Nazareno, no en lo santo sino en lo magro, sin obtener resultados visibles. Decepcionada de la religión formal, fue víctima de curanderas, tarotistas, sicólogos, y hasta de un africanista nacido en Turdera que hablaba en brasilero mientras degollaba una gallina y entraba en paroxismos luciferinos. Dietas y purgas la dejaban débil y deprimida. Los ejercicios aeróbicos, gimnasias de tal o cual origen en vivo o en pantalla no funcionaban. Decidió entonces trocar dinero por sexo. - Omnia vincit pecûnia - Pagar por la compañía de hombres de diversos pelajes la llevó a descubrir que metía en su cama o en la de los hoteles que visitaban a ejemplares a los que por bellos, fuertes o dotados jamás hubiera accedido cuando gozaba de un peso equilibrado acorde con su altura y físico, y un cierto atractivo de hembra joven. Fue así que sin rodeos atacó a Drago Peña Quintana, su alumno crónico de derecho romano, que la miraba en clase con ojos de carnero, perdón, de ternero degollado. Una noche de invierno lo cruzó en la calle cerca de lo que sería la cabaña para la invernada de la feliz yunta. Encuentro fortuito que Draguito planificó. Lo invitó a unos tragos en un bar cercano. Fingieron una respetable seducción enamoradiza y se tiraron a la pileta. Nuestro mugiente falo nadó y nadó aquella noche en las sábanas de la profesora mientras el río inmóvil en el espejo auguraba finales de mierda. Y el Plata fue sagrada deidad y oráculo. Y el vaticinio no falló. El final fue una mierda. Fruto del constante stress y desgaste de convivir con Mony nuestro héroe comenzó a consumir energizantes, sicofármacos y demás promesas de rendimiento en caja, a tal punto que sus únicas actividades eran fornicar y empastillarse. Cuando el desgaste físico y mental del torito patrio fue invalidante para las montas de rigor, sin dudar, la vaca lo despachó a casa de los padres.
Los Peña Quintana (y demás avenidas) lo internaron en un siquiátrico carísimo que aseguraba el restablecimiento del joven y la discreción y secreto profesional que la clase de los Peña Quintana exige. En la selecta clínica Draguito aumentó sus adicciones legales e ilegales. Padeció la baba, los movimientos involuntarios, la casi posesión que provocan los químicos de última generación venerados y prescritos por el equipo de siquiátras de "El remanso S.A." humanitariamente asesorados por los desinteresados Laboratorios que organizan congresos y jornadas para el bien del enfermo, la sociedad y, ya que estamos, el futuro de la humanidad. También disfrutó, no nos engañemos, de la mezcla sibarita de multicolores pastillas sociales con drogas ilegales que se encargaban de proveer sus compañeros de tratamiento y reclusión, enfermeros corruptos y resentidos a lo: 'Que se caguen chetos putos, yo mientras garpen...', mucamas fecundas que secándose con un pañuelito arrugado las lágrimas de ocasión le largan a la vecina que le está tiñendo el pelo: 'Yo lo hago por mis hijos Chola, te lo juro', visitas variopintas e incluso el jardinero del elegante nosocomio, un viejito igual a Rabindranath Tagore, proveedor de petacas de alcoholes fétidos que cobraba como champán francés. De este modo la coctelera química estaba en movimiento. La vaca atada la tenían los dueños del "Remanso S.A." y en menor porcentaje su corte de los milagros subalterna.
Al salir del encierro Draguito siguió en la calesita de las sortijas artificiales. Se fue a vivir a la Boca. Formó pareja con una bella drogona neo-hippie con apellido que no recordaba ni avenidas, ni calles, ni plazas, ni tan siquiera una escuelita rural.
Drago me fue contando esta historia en capítulos quincenales cuando venía a pagarme el cuarto que le alquilaba mientras se tomaba mi whisky escocés y yo lo escuchaba atento.
Esta es su historia que por lo menos para ustedes termina aquí. a Raúl Narváez Peñalva
¡Sal rapaza. Sal ya!
a Marìa Gloria Cesario
a Marìa Gloria Cesario
- ¡Acabala tarada!
- ¡Rata agrandada!
- Callá las pavadas. Las vacas jamás ladran, ja...
- Canalla. Malvada.
- Vaca capada. ¡Ja, ja, ja!
- Canalla. Malvada.
- Vaca capada. ¡Ja, ja, ja!
- Larva cansada.
- Vaca capada. Vaca capada. ¡Ja, ja, ja!
- Vaca capada. Vaca capada. ¡Ja, ja, ja!
- Larva cansada, baba salada. .
- La vaca pasta.
- La vaca pasta.
- Flaca cagada.
- La rana canta.
- La trata blanca.
- ¡Marta! ¡Ana!
- ¡Va mamá!
- ¡YA!
- ¿Cachás rapada? ¿Calás la trampa?
- Pará, pará falsa.
- Mañana, mañana. - ¡Ja, mañana! Mañana macanas.
- ¿Basta?
- Basta.
- Marta. Ana. A la cama.
- ¡Mamáaaaa!
- A la cama.
¿Qué querés? a Camila Scortichini
- ¿Qué querés Levenne?
Rififí y Mimí
a Luca
Soto no. Soto: "¿Olor? Noo. Yo no lo noto Pocho".
Yo sólo como porotos, rojos o morochos. ¿Son olorosos? ¿Sonoros? Lo conozco ... son porotos. Por Soto, por Soto yo lo rompo todo, todo. Por los otros yo no lloro.
¿Por los porotos? ¿Por los porotos ...?
¡Por los porotos todo!
~~~-~~-~~-~ <0>~~~~~~~~~~~~o~0~o~0~o~~~~~~~~~~~<0>0> 0>~~~-~~-~~-~
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- Que te respete.
- El es rebelde.
- ¿Rebelde? Metele en el retrete...
- ¿Qué querés? Le enseñé. Me enredé. Erré, ¿ves?
- Psé.
- El pebete te mete de frente en el brete. Es decente.
- ¿Pebete ese? ¿Decente? Reverte... Reverte. El "nene" te excede.
- ¿Qué?
- Que le dejés que berree, que se emperre el perrengue ese.
- ¿Qué querés Levenne? Me debe ver vejete el Bebe.
- Bebe, nene , pebete. ¡Je! Mequetrefe, mequetrefe.
- ¿Qué querés Levenne? ¿Qué le pegue che?
- Reverte ejercé el deber de ser el jefe. Tené, el te.
- Eheeeee. ¡Me quemé! Qué pelele...
- Reverte te veré en el Retén. Metele.
- El es rebelde.
- ¿Rebelde? Metele en el retrete...
- ¿Qué querés? Le enseñé. Me enredé. Erré, ¿ves?
- Psé.
- El pebete te mete de frente en el brete. Es decente.
- ¿Pebete ese? ¿Decente? Reverte... Reverte. El "nene" te excede.
- ¿Qué?
- Que le dejés que berree, que se emperre el perrengue ese.
- ¿Qué querés Levenne? Me debe ver vejete el Bebe.
- Bebe, nene , pebete. ¡Je! Mequetrefe, mequetrefe.
- ¿Qué querés Levenne? ¿Qué le pegue che?
- Reverte ejercé el deber de ser el jefe. Tené, el te.
- Eheeeee. ¡Me quemé! Qué pelele...
- Reverte te veré en el Retén. Metele.
- Dele.
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*Para los busca errores:
En qué, querés, mequetrefe y quemé la U es parte de la consonante QU
QU => [k] es consonante oclusiva que articula con la e => [ké] como en queso [ké.so]
Rififí y Mimí
a Luca
Ring - Ring - Ring
- Si.
- ¿Mimí?
- Si.
- Mi Mimí. Rififí.
- ¿Mi Mimí?
- Mimí. ¡Mimí!
- ¿Insistís gil?
- Plis Mimí. Sin ti ni vivir...
- Sin ti viví. Viví sin mi.
- ¿¡Mimíiiiiiii!!?
Click.
- ¿Mimí?
- Si.
- Mi Mimí. Rififí.
- ¿Mi Mimí?
- Mimí. ¡Mimí!
- ¿Insistís gil?
- Plis Mimí. Sin ti ni vivir...
- Sin ti viví. Viví sin mi.
- ¿¡Mimíiiiiiii!!?
Click.
¡Por los porotos todo!
por los 8 Orozco
por los 8 Orozco
Como como sólo porotos todos los crotos rotosos, chotos, morosos, hoscos, locos como Lonco, Cholo, Cok, Ronco, Moncho, Polo, Toto, - no nombro otros por fodongos, ¡ojo! no son pocos - no son como Soto. No no. Los gronchos: "Pocho orto flojo", "Pocho oloroso", "Pocho poroto morto", "Pocho olor doloroso". ¡¡ Forros !!
Yo sólo como porotos, rojos o morochos. ¿Son olorosos? ¿Sonoros? Lo conozco ... son porotos. Por Soto, por Soto yo lo rompo todo, todo. Por los otros yo no lloro.
¿Por los porotos? ¿Por los porotos ...?
¡Por los porotos todo!
Tutú a Ariel 24
Tarjeta en el ramo de rosas que Luz Tuyú amante de la danza ofreció a la célebre bailarina zulú Lulu-Um-Tuku el 12 de julio de 1945:
< Lulú su tutú un Mumú*. su Luz. >
--------< Lulú su tutú un Mumú*. su Luz. >
* caramelos de leche muy dulces.
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Contacto => fegentzen@gmail.com
©Fernando Enbeita - Ciudad de Buenos Aires - 2011
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